Bernardo Carrettoni -Visiones de un Díscolo Fermento - USURA
- Salado Sur Editorial
- 29 jun 2023
- 3 Min. de lectura
Visiones de un Díscolo Fermento
— 1
Hoy mi médula encendida se retuerce silabeando restos.
Soy un sueño hecho de carne y huesos, también hechos de sueños.
Cualquier atisbo de percepción es mera holografía.
Desembarco en y con estas páginas que son puñal futuro.
Discurren mis manos y mi boca en esta exultación agónica,
entre el placer y el dolor; me relamo los labios
con mi pérfida lengua, en esta caída horizontal,
siempre con segundas criaturas colmándome la espalda.
Bebo el alcohol inextinguible de las palabras.
14
— 2
Las paredes–los firmes barrotes– del cuerpo| él
estancan a quien verdaderamente somos.
Detrás de los ojos apenas a veces puede percibirse.
Estentóreos aullidos de locura y decadencia rondan todo lo visible.
Se cuartea mi lengua evocando signos. Se corta y corta.
Sangro y saboreo el dulce metálico que es a su vez recuerdo.
Mi lengua está colmada de eternidad,
mis ojos están repletos de eternidad.
Develar que es lo que verdaderamente evoca
la geografía de las bocas,
los inclementes mares que regurgitan los vientres,
los infernales y etéreos goces del sexo.
Desatar la idiota linealidad;
el tiempo no es más que
una elucubración bien fundada a los ojos.
— 3
Sé que tengo la corroboración del Único. Sé que por mi
hablan sus manos y su sangre. Sé que sabe de mi intento.
El rostro de Jano sonríe en un silencio cubista. Los muertos escuchan.
El final es despertar en el goce eterno.
La muerte trenza divinas señales sobre la boca de los sexos.
La muerte inscribe otras pequeñas muertes en cada violento convulsivo goce.
Lo verdaderamente real es el Dolor.
La revelación consiste en enaltecerlo como un mantra.
16
— 4
El misterio de la saliva enardecida de Tiempo y Luz rondando la carne
caliente es una de las tantas formas del delicioso abismo.
La muerte es el horizonte de lo divino.
Lo humano trasciende hasta dar inicio al despreciable gran coágulo, díscolo
fermento; mis fieras son capaces de enhebrar ancestrales ritos de ternura
y esperanza en pos de doblegarlo,
aun constatando el fracaso de frente, aun palpándolo.
Las pérdidas inician siempre otras búsquedas.
— 5
Un susurro mental/ ingenuo martilla la conciencia
¡Incineremos nuestros cráneos,
agotemos todos los límites posibles,
bebamos de las copas encendidas de la noche!
Mi sed está compuesta de mentes muertas nunca muertas,
cauce futuro.
Mi sed es fiebre rasante, revoltoso flujo, eco del multiverso.
Siglos, siglos arremeten en mi sangre
como animales metafísicos en plegaria
Un susurro mental/ ingenuo martilla la conciencia
¡Agotemos la vida y el placer y el férreo dolor,
el ansia de vacío y sombra, en esta desintegración
siempre dialógica de carne y naturaleza,
de huesos y miseria!
— 6
El canto cruje en mí, me entrecorta, se vierte por los vaivenes de la
sangre y el espanto.
El violín del diablo deja estupefacta a la inútil lucidez
siembra el vértigo y la desesperación en cada cosa que toca.
El violín del Diablo es doblemente angélico,
es verbo salvaje y mística de Luz y Sombra,
es cuchillo visible, verdadero hacedor
de las cicatrices que nunca cierran.
La memoria pide a gritos a la muerte
La memoria es un pedazo de cielo.
La memoria es perdición, es rito.
La sangre está hecha de material cósmico,
los ojos contienen la memoria de las estrellas.
¡Cuerpo Divino puente dado a la Humanidad!
¡Cada orgásmico ritual es una muestra de lo Eterno!
El violín del diablo se vomita y ríe sarcásticamente,
sabe de la inexistencia del Tiempo;
cada cosa cada signo símbolo existe antes de cualquier plasmación,
cada cosa cada signo símbolo esconde vida y muerte y nombres,
va del dolor al enigma y viceversa- versan la rapsodia constante de la
voz colmada de sangre, todo es forjado en lenguas proféticas.
— 7
En la Ciudad el hedor se inmiscuye,
hierve en los cristales de los ojos/atrás.
La Ciudad Máquina| luminiscencia- destila gritos y súplicas.
La envuelven los cauces putrefactos
y las casi casas destrozadas y la mugre. Naturaleza violenta.
Los seres rondan, nacen y mueren en la pudrición.
La Ciudad y mi Ser fundido en la Noche del Verbo
desentierra múltiples fugas–palabras que son
satélites–engranajes, temblores-sonidos-llantos,
cuchillazos-furia revestidos de gastada ternura.
Vida y Muerte en el oficio puro de búsqueda
constante e inescrupulosa, de vibras–tiempo|energía,
de esos puntazos firmes capaces de abrir gargantas.




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