Cesare Pavese - otros 3 de poemas inéditos
- Salado Sur Editorial
- 29 sept 2023
- 2 Min. de lectura
Dos
Hombre y mujer se miran supinos sobre la cama,
los dos cuerpos se extienden largos y agotados.
El hombre está inmóvil, sólo la mujer respira hondo
y le palpita el blando costado. Las piernas extendidas
son flacas y nudosas, en el hombre. El murmullo
de la calle cubierta de sol está tras los postigos.
El aire pesa impalpable en la pesada penumbra
y congela los goterones de vivo sudor
sobre los labios. Las miradas de las cabezas juntas
son iguales, pero no encuentran los cuerpos,
como antes, abrazados. Se rozan apenas.
Mueve un poco los labios la mujer, que calla.
El aliento que hincha el costado se detiene
a una mirada más larga del hombre. La mujer
vuelve la cara acercando su boca a la otra boca.
Pero la mirada del hombre no cambia en la sombra.
Graves e inmóviles pesan los ojos en los ojos
en la tibieza del aliento que reaviva el sudor,
desolados. La mujer no mueve su cuerpo
blando y vivo. La boca del hombre se acerca.
Pero la inmóvil mirada no cambia en la sombra.
Paisaje (1938)
Muchas veces a la mañana sobre el hielo del agua
una banca remonta, con claros vestidos.
Está todavía desnuda la magra colina, tendida
en la niebla del sol y se envuelve de verde
pubertad, como un velo. La barca inexperta
da a veces sacudones que levantan espuma.
Las chicas cruzan los brazos en la remada
y se hablan agitadas. "Vas a ver cómo el sol
nos broncea". Tienen desnuda la espalda, al aire.
La colina rojiza sonríe en el cielo.
Las chicas la miran agitadas. La tierra
tiene el color que tendrán bajo el gran cielo de agosto
las espaldas y las caderas escondidas bajo los vestidos.
Nubecitas coloridas motean las colinas
en el espejo del agua. Las chicas, inclinadas,
dan una rápida mirada a los cabellos desordenados
sobre el agua. Alguna sonríe sola
a su propio rostro. Alguna se enjuga agitada
el sudor picante que tiene gusto a rocío.
A un sacudón más fuerte, abandonan los remos
y la barca hace burbujas. "Vas a ver cómo el sol
nos broncea". Caen los claros vestidos
desde las piernas. Alguna no puede quitar los ojos
de la bella colina donde el sol evapora
el rocío y dentro de poco llenará todo el cielo.
Dos poemas a T.
Las plantas del lago
te vieron una mañana.
Las piedras las cabras el sudor
están fuera de los días,
como el agua del lago.
El dolor y el tumulto de los días
no mellan el lago.
Pasarán las mañanas,
pasarán las angustias,
otras piedras y sudor
te morderán la sangre
--no será así siempre.
Encontrarás algo.
Volverá una mañana
en que, pasado el tumulto,
estarás sola en el lago.
También eres el amor.
Eres de sangre y de tierra
como los otros. Caminas
como quien no se aparta
de la puerta de casa.
Miras como quien espera
y no ve. Eres tierra
que se duele y que calla.
Tienes sobresaltos y cansancios,
tienes palabras--caminas
esperando. El amor
es tu sangre --no otra.




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