Edgardo Dobry - 2 de Contratiempo
- Salado Sur Editorial
- 24 nov 2023
- 1 Min. de lectura
I
Hoy otra vez el sol de nosotros
se harta, de nuestras vaguedades
pasa la tarded lustrando el arcoiris
de nafta grabado en la cuneta.
Prueba mañana pero no te garantizo
que estas supersticiones sean
caducifolias como el almanaque.
Más bien al contrario. Mira:
adentro del congelador las cubeteras
se evaporan, lo que no debería
dejar de aleccionarte, sólido Sol,
a vos que sos latencia activa.
Y ahora, sentado en tres baldosas
de la cocina, los talones
contra las nalgas como si fueran
parte de una misma entidad, con cuchara
sopera comiéndote un yogur
cuajado de ojos verdinegros de kiwi,
sabés, ya en la noche,
otra noche ya perdida,
que un foso de agua turbia
te divide de
todas las
cosas que pudieran suceder.
Los muertos tendrían acá
-los pobres muertos-
algo más para decir.
II
Decime ahora si la noche incuba al alba
como una clara incandescente:
la noche, noche, la opacidad palpable
es más antigua que el día.
Exceles de historia universal:
llamada de Isaac a Ifigenia perdida
("contesta por favor, ¡pero contesta!"),
cuánto sacrificio en ese amor,
decoración del tocador de París,
nota en la heladera de Faetonte
a su papá: "me llevo
el auto", prehisteria de Cleó
patra narcotizada de perla en el vinagre
disuelta, Baruch -como óptico-
y Polifemo sinóptico.
Edipo
que tuviste
un ojo de más y ahora ninguno,
alabado seas, Nadie.
En la cantina de Kant
enfriando el café cantaba
junto al río reflejado en la nube
una mujer trascendental: ("I kan't");
sacude un paraíso y emerge
moteada de sombra.
Mientras tanto desarrolle
la ecuación: hoy x mi
=/ a mañana x ti;
no tomaría con Cervantes
cervezas sin conservantes;
la acera encerada, el cero de acero:
el asunto de tu acento
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Contra el punzón del hambre
chascaba la saliva,
vapor o tronco de manzana asada
sobre el poro del mármol.




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