Francisco Urondo - 3 de Cuentos de Batalla
- Salado Sur Editorial
- 1 sept 2023
- 2 Min. de lectura
CARTELES
"Antes-decía el viejo soldado-, algunas
jaranas me dieron prestigio
de hombre sin mayor preocupación; alegre,
jodón si se quiere: cualquier cosa para
no morir de aburrimiento o de vergüenza. Por
pudor había engañado a mis mejores
amigos. Antes estaba enamorado de
las cosas de este mundo: alguna mujer, un vaso
de vino, ademanes que merodean la injusticia." Ahora
no necesita de la memoria
para identificarse; le basta
el presente, esa memoria
por venir. Antes
estaba enamorado de la vida ,ahora
ha comenzado a amarla con todo
su odio. "Anoche soñé- seguía
diciendo- que mi hija
y mi nieto nacían
simultáneamente a este mundo
que vendrá. Ahora
puedo morir en paz, aunque
sería mejor que esto ocurra dentro de mucho tiempo."
AUTOCRÍTICA
La partida que vino a
buscarme tenía mucho
miedo pero no dio tiempo
a nada, a manotear una
sola arma.
Lástima que entre ellos no
había un solo Sargento Cruz,
sino más bien cobardes,
torturadores, violadores,
cada uno empuñaba una
buena arma larga.
Lástima de Cruz y lástima de
don Martín que tampoco
estaba.
No hay de qué quejarse,
entonces.
POR SOLEDADES
Un hombre es perseguido, una
familia entera, una organización, un pueblo. La
responsable de esta situación no es la codicia, sino un
comerciante con sus precios, con la imposición
de las reglas del juego. Los empresarios, la policía
con la imposición de las reglas del juego. Por eso
ese hombre, ese pueblo, esa familia, esa organización, se
siente perseguida. Es más, comienzan
a perseguirse entre ellos, a delatarse,
a difamarse, y juntos, a su vez, se lanzan a perseguir
quimeras, a olvidarse de las legítimas,
de las costosas pero realizables aspiraciones;
marginan la penosa esperanza. Entonces
toda la familia, todo el pueblo, entra
en el nivel más alto de la persecución: la paranoia, esa
refinada búsqueda de los
perseguidos históricos y culturales.
Y ésta
es la triste historia de los pueblos
derrotados, de las familias envilecidas,
de las organizaciones inútiles, de los hombres solitarios, la
llama que se consume sin el viento, los aires
que soplan sin amor, los amores que se marchitan
sobre la memoria del amor o sus fatuas presunciones.




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