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Saladosur

Jorge Aulicino - Le Pera


La muerte siempre enmaraño las cosas,

de manera que perder no es puro, sino oscuro

paisaje del que seremos siempre culpables.

Pero de aquella imaginaria criatura extrañaba

el flujo de sus manos, blanco como una lechada bajo la luna,

sin remordimientos, sin culpa, una pura nostalgia de risa

que hacía estallar las cosas, de modo

que la lágrima embozada que iba sigilosa y compuesta,

urbana y hosca por la Quinta Avenida, quizá

una tarde lluviosa, un domingo, era

la única sobreviviente de un mundo en el cual todas

las ciudades

se habían hundido entre humo y música raída de vitrolas

y ruidos sordos en el fondo de los bares.

La verguenza de haber sido ocupaba todo el espacio de

las calles

abandonadas por millones de habitantes

presurosos y pálidos.

 
 
 

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