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Saladosur

Juan José Saer - A Rubén Darío

  • Foto del escritor: Salado Sur Editorial
    Salado Sur Editorial
  • 24 ago 2023
  • 1 Min. de lectura

Cuando me desperté, usted ya había muerto.

Pero en el sueño estaba vivo, borracho,

del brazo de Verlaine, desnudo. Nevaba.

Copulaban los dos en la rue Vaugirard.

Rubén: si he soñado esta noche con usted,

es por que en la memoria de todos usted baila, solitario,

como un cometa que ya es ceniza en el momento mismo

de arder, como una sombra

que se pega a la retina y que maltrata nuestro insomnio.

La muerte se lo comió. El deseo, ante un hombre como usted,

es rehacer su vida paso a paso

desde el nacimiento hasta la muerte

para encontrar-dónde-

la semilla que germinó toda su claridad. 1968






Cuando nevó en París yo estaba lo más bien.

<<Había mucho frío y erraba vulgar gente>>


Iba hacia el Louvre y al cruzar un puente,

pensé en usted. Me entristecí, Rubén.


(No había nadie. Estaba solo y quise

saber quién es usted, quién había sido)


Estaba mudo el chorro de Verlaine

Ninguna música en ninguna fuente.


 
 
 

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