Nicolás Olivari - El hombre que va al museo
- Salado Sur Editorial
- 5 sept 2022
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Todos los domingos hay un hombre que va a los museos. Se levanta temprano, se afeita, se anuda su mejor corbata y lustra concienzudamente sus zapatos.
Ojea rápidamente un diario, en donde está la lista delos museos abiertos, y parte presuroso.
Lo encontramos meditando largo rato ante el colmillo desmesurado de un fósil, en el Museo del Parque Centenario. Es el primero en entrar y el último en irse. Parecería que la vida muerta de los esqueletos de dinosaurios estuviera ligada indestructiblemente a la vida de ese hombre que los contempla.
Ese hombre se empolva de siglos y sale de allí con el aire entre soterrado y maligno de quien vuelve a la tierra desde la geología misma, por los caminos dantescos dela Era Antediluviana.
En invierno lleva paraguas y en verano bastón, que deposita en las porterías, donde alguien olfatea siempre sospechosamente ese adminículo, no sea que oculte entre sus pliegues alguno de los bichos espectaculares que descubrió Ameghino. Pero nadie sabe que el hombre que va al Museo de Historia Natural no se interesa mucho por lo que allí se exhibe. Lo hace por puro hastío, por que los domingos se aburre como una ostra solitaria.Demasiado tímido para jugar al truco en el almacén de la esquina,o para asistir a un partido de fútbol, opta por el Museo.
Para rellenar de pasado su presente, vacío e insuficiente de interés vital.




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