Gustosamente sigo en este valle
sonriendo en la profunda noche,
que el cáliz pleno del amor
cada día me brinda.
Sus néctares sagrados
toda mi alma elevan,
ebrio estoy en la vida
a las puertas del cielo.
Contemplando arrullado
ningún dolor me asusta.
La más regia mujer
me da su corazón.
Años de llanto y miedo
cambiaron esta arcilla
esculpiendo una imagen
que otorga eternidad.
Tantos días que fueron
y un instante parecen;
cuando al fin deba irme
miraré atrás, agradecido.
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