Osvaldo Lamborghini - ¿Astucias veraniegas de un diputado corrido, expulsado de su banca?
- Salado Sur Editorial
- 3 dic 2023
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El deseo de ganancia no explica nada, ni siquiera el deseo de invertir en una quiebra,
en una quiebra verdadera casi definitiva.
En el medio del estío, calorcito recién advenido (un por estío de exilio) puedo al fin comunicarlo con claridad.
Sera difícil que alguien encuentre, por más que mire, la marca del deseo de ganancia en alguno de los cuatro lados del dinero, ni en el círculo monetario, ni en el tampoco canto de la moneda.
Por más que mire, por más que penetrante el monóculo.
El rastro del ojo condena al artefacto.
La visión es un método despreciable. Hasta el esfínter ciego sería mejor...pero sobre este punto creo haberme extendido lo suficiente. Letanía y canción masoquista.
La visión. Yo no sé de qué prostíbulo provienen estas pupilas mías que me defraudan siempre y desencantan. Para colmo, ya ni me interesa de qué camastro salen las tuyas.
Es siempre lo mismo (jamás deja de mentirlo así el que cuenta).
Jergones, jadeos, sábanas sucias, inversiones que no llegan.
Edipos rebeldes y Edipos tranquilos, de tarjeta postal. Piastras de la India y castración kurda: lo mismo.
El deseo de fracaso tampoco explica nada. Señala solamente, es una marquilla, como un rasguño en la rosa del rosetón.
Con el verano, las preocupaciones al diablo: coman tadeos hasta hartarse, si quieren. No seré yo el que venga, vaya o se oponga.
Mi consejo a la joven industria es: inviertan poco, traten de ahorrarse la estúpida comprobación de que todo (lo que se dice: todo) está invertido ya. Fabriquen alguna cosita a medias, flotadora, virtual. Y no rompan nunca el molde de la primera versión.
1974




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