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Ted Hughes - Una anguila

  • Foto del escritor: Salado Sur Editorial
    Salado Sur Editorial
  • 29 nov 2023
  • 1 Min. de lectura

Lo más raro es su cabeza. Esa cúpula que cubre el

cerebro,

madurada de forma extraña, como una carlinga

hinchada

con un cargamento enorme. Como glándulas lobuladas

de enorme sensibilidad. Qué extraña es la cabeza de la

anguila.

Ese fruto de la evolución, abultado y brillante como

una ciruela.

El morro es como el rostro aplastado de una zapatilla,

la boca es una mueca sonriente y mecánica

de depredor frustrado. Y el iris es como oro sucio,

destilado solo lo justo paa distinguirlo

del lodo oliváceo de su cuerpo,

de los grumos y granos negros. Y ese ojo prematuro,

con la órbita más grande y con una visión más difusa,

situado detrás del ojo, más pálido, más ciego,

vuelto hacia dentro. Su joroba de búfalo

antecede su avance asombroso.

La aleta pectoral en medio del hombro, concesión

a la vida de pez, se oculta

pegada a su envoltorio: la piel de debajo

muestra la pálida desnudez de las profundidades de la

anguila

igual que el vientre, que es como una perla opaca.

Lo más raro es esa piel que parece una huella dactilar,

este tejido gomoso

que la mantiene aislada. Todo el cuerpo

tiene ondulaciones identificativas. Aquí está,

hace flotar los sargazos

con su deseo secreto. Su vida es una celda

aislada del mundo. Su paciencia

es universal y la favorece el amor

de las estrellas inclinadas, como si ella

fuera la única inicial de la Tierra. A solas

con sus millones de años, es el peregrino de la luna,

la monja del agua.



 
 
 

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